Con esa frase, pronunciada en una entrevista televisiva el domingo por la noche, Karoline Leavitt, portavoz de una conocida fundación conservadora estadounidense y ex candidata al Congreso, pretendía restar importancia al creciente impacto de Franco Colapinto en la Fórmula 1.

Lo que no imaginaba era que esas once palabras (once, no doce, como se repetiría luego en los memes) iban a convertirse en la mecha de uno de los mayores incendios virales que ha vivido el automovilismo en años.

El contexto era el Gran Premio de Las Vegas 2025.
Colapinto, con apenas 22 años y en su primera temporada completa con Williams tras haber sustituido a Logan Sargeant a mitad de 2024, acababa de firmar una carrera impecable: salida desde la sexta posición, adelantamientos limpios a Norris y Leclerc en la recta principal, gestión perfecta de neumáticos en un circuito donde la degradación era brutal y un último stint que le permitió cruzar la meta en tercer puesto, su primer podio en la máxima categoría y el primero de un piloto argentino desde 1957, cuando Juan Manuel Fangio dominaba el mundo.
Argentina estalló de júbilo. El presidente envió un tuit felicitándolo a las tres de la madrugada hora de Buenos Aires. La CDA (Asociación Corredores de Turismo Carretera) declaró el lunes feriado deportivo en varias provincias.
Hasta el Papa Francisco, en la audiencia general del miércoles, mencionó «al joven piloto que lleva nuestra bandera con tanto coraje». En ese clima de euforia colectiva, la frase de Leavitt sonó como un balde de agua helada, o peor, como una provocación gratuita.
La entrevista original había sido sobre la influencia creciente de pilotos latinoamericanos en deportes tradicionalmente europeos. Leavitt, visiblemente incómoda cuando el tema derivó hacia Colapinto, soltó la frase sin medir consecuencias. En cuestión de minutos, los clips se multiplicaban en TikTok, Instagram y X.
Los hashtags #PequeñoPaís y #RespetoParaFranco se colocaron entre las tendencias mundiales. Y entonces llegó la respuesta.
El lunes por la tarde, hora de Las Vegas, Colapinto estaba en la rueda de prensa post-carrera todavía con el mono a medio bajar y la cara llena de confeti dorado. Un periodista le leyó textualmente la declaración de Leavitt.
El argentino sonrió de medio lado, pidió el micrófono y, mirando directamente a la cámara, dijo exactamente doce palabras en inglés perfecto:
«Small country, big heart. Tell her I’ll save her a seat on the podium.»
«País pequeño, corazón grande. Dile que le guardo un asiento en el podio.»
Doce palabras. Ni una más, ni una menos. El silencio inicial de la sala fue seguido por una ovación cerrada. Afuera, las redes sociales colapsaron. El video acumuló cien millones de reproducciones en menos de veinticuatro horas.
Los memes fueron implacables: fotos de Leavitt con la boca abierta superpuestas al asiento vacío del podio junto a Verstappen y Piastri; imágenes de Colapinto con la bandera argentina y la frase «small country, huge W»; incluso apareció un filtro de Instagram que ponía la frase sobre cualquier foto.
Karoline Leavitt intentó aclarar su comentario al día siguiente. En un comunicado publicado en X, afirmó que sus palabras «habían sido sacadas de contexto» y que solo quería destacar «la importancia de la humildad en el deporte». Nadie le creyó.
La respuesta fue tan tibia que solo alimentó más la polémica. Los patrocinadores de la fundación que representa empezaron a recibir mails de aficionados argentinos pidiendo explicaciones. Una conocida marca de café argentina retiró públicamente su apoyo a eventos organizados por esa entidad.
En Argentina, el episodio trascendió el deporte. Programas de televisión que nunca habían hablado de Fórmula 1 dedicaron horas al tema. Políticos de todos los colores se subieron al carro: unos defendiendo el «orgullo nacional», otros criticando el «clasismo europeo».
Hasta el canciller argentino mencionó el asunto en una rueda de prensa sobre relaciones bilaterales con Estados Unidos, diciendo que «el talento no entiende de tamaño de países».
Mientras tanto, Colapinto siguió corriendo, literalmente. Dos semanas después llegó a Qatar y volvió a subirse al podio, esta vez segundo detrás de Verstappen. En la entrevista post-carrera, cuando le preguntaron si guardaba rencor a Leavitt, respondió con la misma sonrisa tranquila: «Ya no pienso en eso.
El asiento sigue reservado, por si algún día quiere venir a ver qué se siente estar arriba».
El impacto del episodio va más allá del chiste viral. Marcas argentinas que nunca habían invertido en Fórmula 1 empezaron a acercarse a Williams. La audiencia televisiva del Gran Premio de Brasil 2025 en Argentina superó a la final del Mundial de fútbol de 2022.
Y, sobre todo, una generación de niños en barrios humildes de Buenos Aires, Córdoba o Rosario empezó a soñar con karts en lugar de con botines.
Hoy, casi un mes después de aquella frase desafortunada, Karoline Leavitt ha borrado su cuenta original de X y apenas aparece en medios.
Franco Colapinto, en cambio, marcha sexto en el campeonato mundial, lidera la votación de Piloto del Día en todas las carreras restantes y lleva en su casco una pequeña inscripción que solo se ve de cerca: «Small country, big heart».
A veces, doce palabras bastan para cambiar la historia. Y para recordar al mundo que el tamaño de un país nunca determina el tamaño de sus sueños.